Mostrando entradas con la etiqueta Intrasistemática. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Intrasistemática. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de diciembre de 2008

Holmes y la realidad (2)

Vimos recientemente la curiosa y estrecha relación entre el mundo ficticio de las aventuras de Sherlock Holmes y la realidad. Vimos como, por una parte, muchos lectores creyeron Holmes era un personaje real gracias a ciertos artificios literarios y, por otra parte, como algunas personas con tanto humor como amor por el personaje, se dedicaron a hacer estudios sobre él partiendo de la premisa de que las narraciones del Canon eran rigurosamente históricas; estudios que se dedicaban, fundamentalmente, a subsanar los errores e incongruencias que se encuentran en los relatos y a hacerlos encajar internamente y con la realidad. Hoy vamos a dar algunos ejemplos de ambas actitudes:

Without a clue
Una inteligente vuelta de tuerca al problema: en Sin pistas, Watson (Ben Kinskey) es realmente el escritor y también el genial detective; atribuye sus hazañas detectivescas a un personaje que inventa, Holmes, hasta que, por la presión del público, se ve obligado a contratar a un torpe actor que le encarne (Michael Caine). SH: ¿Qué estoy haciendo? Dr. W: Buscando huellas de pasos SH: ¡Ah! ¿He encontrado alguna? Dr. W: Aún no. SH: Avíseme cuando lo haga.

A propósito de los primeros dijimos que muchos enviaron cartas al detective, a menudo pidéndole ayuda, otros ofreciéndosela, como este apicultor que cuando se enteró de que el gran detective se retiraba al campo escribió:

10 de octubre de 1904
Querido señor:
Me entero por los diarios de la mañana que va usted a retirarse para consagrase a la apicultura. Ignoro si la presente proposición será oportuna pero, en caso de que usted la juzgue como tal, me sentiría muy honrado si mis consejos pudieran serle de utilidad.
Le dirijo esta sugerencia en reconocimiento por el placer que me han procurado sus escritos en mi juventud. Me dieron horas de felicidad, por lo que estoy seguro de que leerá usted esta lineas apreciando el sentimiento que las inspira.
Respetuosamente,
W. Herrod

Del mismo día data esta otra:

A Sir Conan Doyle, Baronet:
¿Tendría el señor Sherlock Holmes necesidad de los servicios de una mujer que se encargue de su casa de campo en Navidad? Conozco una persona que aprecia mucho la vida tranquila del campo y en particular las abejas, una mujer discreta de la vieja escuela.
Sinceramente suya,
M. Guton, c/o the Hon. P.
Cranston, Hurst Hill House, Totland Bay, Isla de Wight


En una carta del 11 de mayo de 1906 encontramos incluso a alguien que cree ser el mismísimo detective:

¿Qué dirá el mundo cuando sepa que usted, Dr. Conan Doyle, no cree en la existencia de su Sherlock Holmes?... El hecho de que yo sea el verdadero Sherlock Holmes va a conmocionar el mundo entero, no sólo América, sino también Europa.

Manual de apicultura de LangstrothColmena Langstroth
A la izquierda, una edición moderna del manual de apicultura del reverendo Langstroth de 1853, el clásico por excelencia en la materia en época de Holmes e inventor de la colmena desmontable que lleva su nombre y que hoy es usada en todo el mundo

El pionero de los estudios Sherlockianos fue Ronald Knox, de la Universidad de Oxford, donde dio una conferencia sobre el particular, que publicó a continuación con el título de «Ensayo sobre la literatura de Sherlock Holmes». En fecha tan temprana como 1911 adopta ya la postura de tomar como reales los personajes y los hechos y trata varias inconsistencias del Canon, entre ellas la ya conocida por ustedes del error de la esposa de Watson cuando le llama «James» en lugar de «John». Hay que tener en cuenta que entonces se estaban todavía publicando los relatos que forman parte de la recopilación titulada Su última reverencia y que, por tanto, quedaban aún por publicar, y seguramente por escribir, todos los que se encuentran en El archivo de Sherlock Holmes.

Ronald Knox
El problema de los estudios holmesianos y teológicos es el mismo: dar coherencia y verosimilitud a un corpus incoherente y ficticio. No es extraño pues que el pionero de aquellos fuera un sacerdote. Anglicano convertido al catolicismo, como sus amigos sherlóckfilos Chesterton (creador del Padre Brown) y William S. Baring-Gould;
autor del deuterocanónico Sherlock Holmes, de Baker Street. Knox aplica los mismos métodos en teología que en sus ensayos sherlockianos o en sus sermones; como aquel en el que justificaba desde la fe la cruzada del general Franco un año después de iniciarse la Guerra Civil.

Ronald Knox, teologíaRonald Knox, ficción
Dos obras de Ronald Knox; una recopilación de homilías sobre sus santos favoritos y una de sus novelas de detectives. Ha sido más celebrado en su faceta de teólogo y apologeta que en la de autor de ficciones detectivescas

Sin embargo, la cuestión empezó a tomar amplitud a partir de la reedición de este ensayo en 1928, ya que provocó la respuesta de Sidney Roberts, de la Universidad de Cambridge, «Nota sobre el problema de Watson» en 1929 y Dr Watson, Prolegómenos a un problema biográfico, 1931. En los años 30 aparecieron otros por diferentes autores como H. W. Bell en 1932 y Vincent Starrett en 1934, lo que provocó que en la misma década se crearan las primeras sociedades holmesianas. Este movimiento no se ha detenido, de manera que estas sociedades son hoy muy numerosas, así como los ensayos de este tipo, entre los que recordaremos el ya mencionado pero imprescindible Sherlock Holmes, de Baker Street, 1962 de William S. Baring-Gould.

Durante la primavera de 2008, apareció en varios periódicos españoles, así como en la portada de Menéame, alusiones a una encuesta británica que concluía que el 58% de los ingleses actuales creen que Holmes es un personaje histórico. Aunque personalmente he encontrado a individuos de esa opinión, tras consultar la fuente de la noticia (UKTV Gold) se advierte que no se trata de una encuesta muy seria, ya que, entre otras faltas de rigor, cae vergonzosamente en el error que pretende denunciar, por ejemplo, tomando por personajes ficticios a Dick Turpin o a Lady Godiva, cuya realidad histórica está fuera de toda duda.

Pueden leer la primera parte de este post aquí: « Holmes y la realidad (1)»

La información relativa a los ejemplos de lectores que tomaban a Holmes por un personaje real y sus cartas están tomados del libro de Pierre Nordon Todo lo que ha querido saber sobre Sherlock Holmes sin haberle conocido, 1994. La información sobre los primeros ensayos holmesianos está tomada fundamentalmente de la Wikipedia en francés.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Artes marciales

Destacábamos recientemente dos características que los detectives televisivos actuales han heredado de Sherlock Holmes: el enfoque científico de la investigación policial y la habilidad en artes marciales. Hoy trataremos esta última, dejando los aspectos científicos para una próxima entrada. Efectivamente, Holmes era experto en diferentes deportes de combate: la primera mención la encontramos en la famosa lista que hace Watson de las habilidades y conocimientos de su nuevo compañero de piso, cuando intentaba averiguar a qué se dedicaba éste en la vida; el undécimo punto decía «Es un experto luchador de singlestick, boxeador y espadachín.» (STUD, 2). En lo relativo a las artes marciales japonesas, cuando cuenta a Watson la lucha final contra Moriarty en las cataratas de Reichenbach, le dice «tengo cierto conocimiento, sin embargo, de baritsu, o sistema japonés de lucha, que me ha sido útil en más de una ocasión» (EMPT). El interés del personaje por Asia se subraya con menciones al budismo, de las que nos ocuparemos en otra ocasión.

StudyonTerror
En las recreaciones de las habitaciones de Baker Street vemos con frecuencia guantes y trofeos de boxeo, así como cuadros de asunto pugilístico e incluso punching-balls, también espadas, floretes y otras armas, de las que nos ocuparemos en su día. En la imagen, un momento de A Study in Terror, donde se ven varias armas al fondo

No se saca, empero, mucho partido de estas habilidades en el Canon. De la pugilística nos da Holmes una muestra cuando corrige a Mr. Woodley, uno de los villanos que pretendían desposeer de su herencia a la joven señorita Violet Smith: «Hago tan poco ejercicio físico que siempre es un placer hallar la ocasión -me dijo- ya está usted al tanto de que poseo cierta competencia en el viejo y buen deporte británico del boxeo. Ocasionalmente resulta útil. Hoy, sin ir más lejos, me habría ido ignominiosamente mal sin ella.» (SOLI). En este fragmento televisivo basado en el pasaje no tenemos ocasión de ver cómo se llevan al infortunado rival de Holmes en una carreta:
El boxeo de la época era todavía muy deudor de la esgrima en el juego de las distancias y las guardias perfiladas. Tutubeado por jjpittock

Holmes_reichenbach
La ilustración clásica de Sidney Paget del incidente de Reichenbach

JLJReichenbach
En la versión ofrecida por Joyas Literarias Juveniles (número 270) desaparece la lucha ¡Simplemente Moriarty intenta empujar a Holmes a traición y éste se aparta! Dibujo de Julio Vivas

Un beneficio colateral de este hobbie holmesiano es los contactos sociales que le permite tejer. Si el boxeo se considera en la época un deporte de caballeros, no es en ese medio social donde el detective trabará amistades: por ejemplo, en sus días en la universidad no tenía muchos amigos porque, entre otras razones, «Fuera del esgrima y el boxeo, tenía pocas aficiones atléticas» (GLOR). Más bien es en el medio de los truhanes donde cultivará relaciones; los luchadores son a menudo contratados como matones, o como guardaespaldas. La experiencia en este ámbito le permite a Holmes reconocer inmediatamente a Steve Dixie (3GAB) pagado para intimidarle y se le franquea la puerta de Pondicherry Lodge gracias a conocer al portero: «[...] Sí que me conoce, Mc Murdo -exclamó Sherlock Holmes campechano- No creo que me haya olvidado ¿No recuerda al aficionado con el que luchó tres rounds en Alison's rooms la noche de su beneficio, hace tres años?-¡No! ¡Mr. Sherlock Holmes! -rugió el luchador- ¡Dios! ¡Es verdad! ¿Cómo no le he conocido? Si en lugar de quedarse ahí tan tranquilo me hubiera dado ese gancho suyo a la mandíbula le hubiera reconocido sin mediar palabra» (SIGN, 5)


En Young Sherlock Holmes tenemos ocasión de ver tres demostraciones de esgrima; aquí pueden ver dos de ellas
En Sin pistas, Holmes es un personaje ficticio inventado por Watson e interpretado, a la sazón, por un incompetente actor que se ha visto obligado a contratar. En este combate intenta estar a la altura
Hubo de apelar a su habilidad en la esgrima de bastón la noche en que le agredieron dos personas a sueldo del Baron Gruner en Regent Street. Contando el incidente a Watson le dice «Soy algo experto en singlestick, como ustede sabe. Recibí la mayor parte del ataque sobre mi guardia. Fue el segundo hombre lo que resultó demasiado para mí.» (ILLU). Aunque en esta ocasión, igual que en la mencionada lista de habilidades, se aluda al singlestick, la variedad inglesa de la lucha con bastón, para la que se usa un modelo particular especial para el combate, el hecho de que los agresores, que iban vestidos de caballeros, y el mismo Holmes, recurrieran a bastones comunes de paseo, hace pensar que el detective no era ignorante en canne de combat, el arte marcial francesa que aprovecha las posibilidades defensivas del bastón de uso cotidiano.
Bartisu
Diferentes movimientos de bartisu rodeando a su creador; tomado de la Wikipedia
El baritsu, ha sido objeto de controversia durante décadas en círculos holmesianos, ya que no existe ningún arte marcial con ese nombre. Durante años se ha identificado erróneamente con el bujutsu, el sumo o el judo, pero en los noventa del siglo último fue establecido de manera definitiva por estudios de diversos holmesianos, como Y. Hirayama, J. Hall, Richard Bowen y James Webb (cf. Wikipedia) que, en realidad, se trata del bartisu.
3GAB
Imagen del episodio de la serie de Granada que adapta «Los tres gabletes», donde Holmes visita un sala de boxeo

En la versión rusa Watson estaba muy preocupado porque sospechaba que la actividad de Holmes podría tener relación con el crimen. En el momento crítico le reta a un combate de boxeo, no sin antes haber ocultado su revolver a mano. Al final, Holmes le dice; «Efectivamente mis actividades tienen relación con el crimen; soy detective particular.» Waton se encuentra muy tonto y con insuficiente capacidad de deducción, un sentimiento al que se deberá acostumbrar: «Debí adivinarlo desde el principio» dice «¡desde la prueba de la hemoglobina!»

El bartisu es una mezcla de judo y jujutsu con elementos de sistemas de defensa europeos, como los mencionados más arriba. Fue desarrollado por Edward William Barton-Wright entre 1898 y 1902, a su regreso de Japón, donde había residido tres años y entrado en contacto con la lucha japonesa. El nombre de «bartisu» es una mezcla de jujutsu con el nombre del inventor.


La relación de Holmes con las artes marciales ha sido, por supuesto, explotada en los pastiches asiáticos. Aquí vemos una magistral demostración de violín-jutsu, procedente de la película Sherlock Holmes y la heroína china. Tutubeado por 7prcntcocaine
Luxación de hombroAbrazo mortal
Dos momentos de la versión de Granada TV. En una de ellas Holmes intenta una luxación de hombro con cierto estilo jujutsu.
Kinosuke Natsume con SH y el dr. W
En el Sherlock Holmes de Miyazaki, el detective traba amistad con el japonés, residente en Londres como estudiante, Kinosuke Natsume (episodio 19, «La piedra Rosetta») ¿es este encuentro el que aproximó al personaje a las artes marciales niponas?

El hecho de que Holmes domine esta técnica resulta sumamente innovador, tanto desde el punto de vista extrasistemático como intrasistemático. Desde el primer punto de vista debemos considerar que cuando Arthur Conan Doyle publicó el relato, en 1901, la técnica era completamente nueva y es sin duda el primer personaje de ficción europeo en conocer artes marciales de origen japonés, sus herederos, como mencionamos al principio, son multitud. Intrasistemáticamente la inovación es aún más importante, ya que la pelea entre Holmes y Moriarty se desarrolla, de acuerdo con Leslie S. Klinger, Barring-Gould y todos los más importantes cronologistas, en 1891; es decir, antes, incluso, de que el propio Barton-Wright viviera en Japón. Teniendo en cuenta que el Jujutsu y el Judo llegaron con el Maestro Yukio Tani y su hermano a Londres en 1899, seguidos por los maestros Uyenichi, Miyake, Ohno, Aida, Koizumi, y a la vez en Paris con la maestros Renie y Kawaishi, en 1905 (cf. este artículo sobre la historia de jujutsu, entre otras fuentes) podemos admitir que Sherlock Holmes fue tan innovador que, sin duda, fue el primero en practicar estos tipos de lucha en suelo europeo, para gran sorpresa de Moriarty. Esto abre nuevas incógnitas ¿cómo, dónde y con qué maestros aprendió esas técnicas?

En la película que prepara Guy Ritchie se ha declarado la intención de explotar las capacidades de Holmes como personaje de acción: esperemos un resultado estimulante. En 2004 las escenas de canne de combat que vimos en Arsène Lupin de Jean-Paul Salomé, con resabios tipo Matirx, fueron algo decepcionantes.

La letra capitular está montada sobre un sello británico de correos que conmemora la caida a la catarata de Reichenbach; encontrado aquí. Este post ha sido publicado simultaneamente en El Predicador Malvado, donde pueden encontrar otros relacionados: sobre esgrima en el cine pueden consultar éste y en este otro podrán ver la habilidad de Basil Rathbone en el noble arte de la espada.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

El borrador preliminar

Hicimos referencia, hace algún tiempo, a una teoría que sitúa la residencia de Holmes en Upper Baker Street, quizá basándose en cierto documento conservado en los archivos de Arthur Conan Doyle. Vamos a ocuparnos más detenidamente de este documento, ya que ha servido de base o de excusa para diversas teorías holmesianas: se trata de un borrador con ideas preliminares para Estudio en escarlata. El penúltimo párrafo es un esbozo de lo que serán los improperios de indignación que Watson soltará tras leer en una revista el artículo «El libro de la vida», sin saber que el autor era su coinquilino, en el segundo capítulo de la novela. En último párrafo encontramos las opiniones que emite Holmes sobre Dupin y Lecoq un poco más adelante en el mismo capítulo. Pero veamos en detalle lo que dice la primera parte del documento:
Borrador de Estudio en escarlata
Reproducción encontrada aquí























Study in scarlet

Ormod Sacker- from Soudan from Afghanistan

Lived at 221B Upper Baker Street

With

I Sherrinford Holmes

The Laws of Evidence

Reserved-

[Slee]py eyed young man - philosopher - collector of [violins]

an amati- Chemist

I have four hundred a year-

I am a Consulting detective -

Estudio en escarlata

Ormond Saker- de Sudán de
Afghanistan

vive en el 221B de Upper Baker Street

Con

Yo, Sherrinford Holmes

Las leyes de la evidencia

Reservado-

Joven de mirada somnolienta - filósofo - coleccionista de violines

un amati - químico

Gano cuatrocientas libras al año -

Soy detective cosultor-


Algunos de estos elementos han sido utilizados desde una óptica intrasistemática, como en el caso mencionado más arriba que muda a Holmes de Baker Street a Upper Baker Street. En particular, el nombre provisional del detective, Sherrinford, ha sido muy explotado en muchos pastiches y, sobre todo, se ha adjudicado a diversos antepasados y parientes del detective:
En la más influyente biografía holmesiana, la de Baring-Gould, es el apellido de soltera de su madre Violet, así como el nombre de pila del mayor de los tres hermanos Holmes. El nombre aparece también profusamente en el árbol genealógico que publica Philip Jose Farmer en Tarzan Alive y, en suma, es el nombre más frecuente en todos los intentos genealógicos del personaje junto a Siger, tomado del pseudónimo que usó durante sus años perdidos Sigerson, literalmente hijo de Siger; incluso en la parodia cinematográfica El hermano más listo de Sherlock Holmes, el hermano se llama Sigerson.

El hecho de que el nombre preliminar del doctor sea Ormond, es decir la versión inglesa de un nombre irlandés, respalda, de una extraña manera que mezcla lo intrasistemático y lo extrasistemático, la teoría de Dorthy L. Sayers (que resumimos sucintamente aquí) según la cual la H del segundo nombre de Watson hace referencia a Hamis, la versión galesa de James.

Horace Vernet
Autoretrato de Horace Vernet, antepasado de Holmes por parte de madre, según declara en «La aventura del intérprete griego». Dice que heredó de él su atención al detalle. Imagen de la Wikipedia

El amati, que sería sustituido en la versión definitiva por un stradivarius, tendrá una reminiscencia en el capítulo tercero, donde se alude a una disertación de Holmes sobre las diferencias entre los violines de estos artesanos de Cremona.

Pasando al punto de vista extrasistemático, es decir, dejando de fingir que Holmes y Watson son personajes reales, también el documento nos da elementos de reflexión:

Hemos hecho ya referencia a la particularidad de que Watson sea a un tiempo narrador y personaje; esto tiene implicaciones narratológicas profundas que tendremos ocasión de explorar en el futuro, por lo que resulta interesante constatar que este borrador indica que esa decisión fue tomada más tarde: en la idea germinal era Holmes quien narraba, como prueba que hable de sí mismo en primera persona en todo el manuscrito y, cuando presta la voz al doctor en el penúltimo párrafo, lo hace entre comillas, como una cita, mientras que cuando habla Holmes no hay comillas.

En todo caso, el documento es una semilla fecunda en el fecundo jardín de holmesianos y analistas.

La letra capitular está montada sobre una imagen de la película Basil, ratón superdetective.

lunes, 17 de noviembre de 2008

221b Baker Street: interiores

Quedaba pendiente otra entrada sobre el 221b de Baker Street. Si en la ocasión precedente nos ocupamos de su ubicación, hoy lo haremos de su interior. Hemos hablado largo y tendido de la intensa relación del mundo de ficción holmesiano con la realidad; esa relación que ha llevado a muchos a buscar la ubicación de la vivienda ha llevado a otros a imaginar cómo sería su interior «en realidad». Esta búsqueda ha dado lugar a reconstituciones, exposiciones, maquetas, etc.
A todo lector le hubiera gustado visitar esa sala, punto de partida y de llegada de tantas aventuras, centro de la tela de araña desde la cual Holmes vigilaba Londres, atento a cualquier vibración producida por los enjambres criminales de la capital; por ello tales reconstituciones han de ser minuciosas; para no defraudar las espectativas de los visitantes más expertos y satisfacer a sus fanáticos creadores. Cuentan con diferentes elementos que podemos clasificar en las categorías siguientes:

Watson desbordado por los acontecimientos en La vida privada de Sherlock Holmes, 1970, interpretado por Colin Blakely. Vemos la legión de honor, el maletín de médico, el gasógeno, el tántalo, la mesa de química y la de comer
Watson(Howard Marion-Crawford)
A mediados del siglo último, la mayor parte de las adaptaciones no prestaba especial cuidado por respetar los detalles canónicos en la decoración de la residencia de Holmes; la serie de televisión protagonizada por Ronald Howard como el detective y H. Marion-Crawford como Watson (en la imagen) fue una afortunada excepción. Momento del episodio «The Case of the Pennsylvania Gun» (1954)

-Elementos mencionados en el Canon como parte del decorado; existen descripciones más o menos prolijas:
  • Consistían [los apartamentos] en un par de cómodos dormitorios y una amplia y ventilada sala de estar, amueblada de manera agradable e iluminada por dos anchas ventanas. (Estudio en escarlata)
  • Allí estaba el rincón de química, con su mesa moteada por ácidos. Allí seguía, alineada en su anaquel, la formidable colección de álbumes de recortes y libros de referencia que tantos buenos ciudadanos de Londres hubieran estado encantados de quemar. Los diagramas, el estuche del violín, el soporte para pipas e incluso la pantufla persa que contenía el tabaco [...] («La casa vacía»)
  • Caminé lentamente por la habitación, examinando los retratos de criminales célebres con los que estaba decorada cada pared. Finalmente, en mi vagar sin rumbo, llegué a la repisa de la chimenea: restos de pipa, bolsas de tabaco, jeringuillas, navajas, balas y otras reliquias se desperdigaban sobre ella. (En el dormitorio de Holmes en «El detective moribundo»)
A esto habría que añadir detalles mencionados aquí y allá, como la alfombra de piel de oso sobre la que se desmaya el director del «Priory School», los retratos del general Gordon y de Henry Ward Beecher («La caja de cartón») o las iniciales V.R. que escribe el detective a disparos en una de las paredes del salón, los puros en un cubo de carbón y la correspondencia pendiente clavada con una navaja en la repisa de la chimenea («El ritual de los Musgrave»). Algunos elementos se mencionan en varias ocasiones, como el gasógeno o la antedicha zapatilla persa. Por supuesto, pipas, lupas, objetos caseros, ropas y otros muchos cachivaches.

Vista de la reconstitución del museo londinense de Baker Street; tomada de The Mysterious World of Sherlock Holmes, de Bruce Wexler (detalle)

-Elementos mencionados en el Canon, pero no como parte del decorado de las habitaciones: algunos de ellos es verosímil que se encontraran allí, como recuerdos de las aventuras, pero en las reconstrucciones encontramos a menudo objetos tan peregrinos como:
  • Objetos que nunca fueron propiedad del detective, como las herraduras especiales de «Priory School» e incluso joyas de gran valor recuperadas por Holmes y que, sin duda, volvieron a sus dueños legítimos.
  • Pruebas materiales que deberían estar en los almacenes de la policía, como armas de los criminales o la piedra usada como peso para arrastrar pistola en «El puente de Thor».
  • Imposibles; como uno de los seis bustos de Napoleón de la aventura a la que dan nombre, ya que fueron destruidos en su totalidad.
Aceptamos su presencia en las reconstrucciones como ilustradoras del universo holmesiano.

Imagen tomada de la serie de Granada, del capítulo «El tratado naval»

-Objetos extracanónicos fijados por la tradición iconográfica: los más representativos son:
  • El deerstalker (generalmente conocido en español como «gorra de detective»).
  • La capa inverness (generalmente conocida en español como «abrigo de Sherlock Holmes»).
-Objetos inferidos; por ser típicos en un hogar de finales de la época victoriana, de los estudios criminales o medicinales de entonces, o bien relacionados con alguna de las características conocidas de los inquilinos. Por lo que podemos ver, aunque no se mencionen en el Canon:
  • Recuerdos de Afganistán en la alcoba de Watson.
  • Una cabeza frenológica.
  • Un tablero de ajedrez.
  • Un tántalo.
  • Un florete, un punchingball...
...y un largo etcétera.

De los planos, nos ofrecemos tres ejemplos, todos ellos elaborados con cuidado para no cotradecir el Canon en la disposición de los elementos y, en diferente medida, cubren las ambiguedades con extrapolaciones y las ilustraciones originales:
La sala principal, por David Richardson, para ilustrar su interesante artículo «A Realistic 221b?»

Por Ernst H. Short y publicado originalmente en el Strand Magazine en 1948. Tomado de Sherlockian.net
Este otro se lo debemos al americano residente en Tokio Russell Stutler. Tomado de la página del artista

De las maquetas, destacamos la que debemos a Nancy Garcés-Saroli, vean una imagen:
Encontrarán más fotos aquí, comparadas con la recreación de la sala del museo de Lucerna en la que está inspirada

En cuanto a las recreaciones a escala real, las encontramos en museos y exposiciones y como escenario en las adaptaciones fílmicas. Preferimos entre estas últimas, por su exactitud y belleza, las de la serie producida por Granda, con Jeremy Brett como Holmes y la del largometraje de Billy Wilder La vida privada de Sherlock Holmes.

Museos que exponen una reproducción de las habitaciones de Baker Street o, al menos, del cuarto de estar, hay un buen número desperdigado por el Mundo. Sólo en Londres había 3:

  • The Sherlock Holmes Museum; sito en el actual 221b de Baker Street, no tiene pérdida. Como en los relatos, el edificio es de época georgiana y la disposición de las habitaciones y otros elementos corresponde con la descripción, incluso en el número de escalones para subir desde el bajo, que es una tienda de recuerdos, hasta el primer piso, donde se encuentran las habitaciones de los personajes y el salón. En el tercer piso, se recrean escenas de algunos de los casos.
  • The Sherlock Homes pub; lo encontrarán en Northumberland Street, ya saben, la calle donde se alojaba sir Henry Baskerville, a un paso de Charing Cross. Exhiben interesantes piezas procedentes de la magnífica y completísima exposición que vio Londres en 1951 y que ilustran muchos de los casos relatados por Watson, así como de los sólo mencionados. En la planta superior se expone la reproducción de la sala de estar, algo abigarrada.
  • La tercera versión, también con problemas de espacio, se podía visitar hasta hace dos años en Baker Street, justo enfrente del museo. The Sherlock Holmes Memorabilia era poco más que una tienda de recuerdos, pero contaba con un piso superior en el que se podían ver los maravillosos props originales de las series de Granada. Ahora es un comercio y no hemos conseguido averiguar qué ha sido de esa magnífica colección.
La recreación expuesta en el pub Sherlock Holmes













A la izquierda, los buenos tiempos del Sherlock Holmes Memoriabilia, a la derecha, el local libre para alquilar en marzo de 2007; ahora venden recuerdos de la historia del rock

De otros 221B de Baker Street en el Mundo mencionaremos, sin ánimo de exhaustividad:
  • El del museo SH de Lucerna, Suiza, fundado por el hijo de Conan Doyle. Amplio y detallado: contó con la colaboración del creador de la mencionada exposición londinenese de 1951.
  • El del museo SH de Meiringen, Suiza. Situado en las cercanías de las cataratas de Reichenbach, donde supuestamente se precipitaron Holmes y Moriarty en un abrazo mortal.
  • El de la biblioteca de la Universidad de Minnesota, USA, que cuenta, además, con la colección de documentos shelockianos más grande del mundo y con una maqueta de la sala.
  • El de Los Ángeles, con muchos detalles, en particular, una buena colección de gasógenos.
  • El del Sherlock Holmes Museet de Nykobing, Dinamarca, aunque viendo la foto se diría que su buena voluntad es superior a sus medios.
Imagen del Sherlock Holmes Museet de Nykobing, tomada de The Mysterious World of Sherlock Holmes

Este post es el punto de partida de la categoría «objetos», que comentaremos por que estén implicados en una incongruencia, en una estrategia narrativa o bien porque son extraños hoy en día y al lector le gustaría saber qué es una «linterna sorda», un «hansom cab», un «gasógeno», etc.; explicación inútil en muchos casos para los holmesianos avezados, pero que incluiremos de todos modos arrastrados por nuestro afán enciclopédico. Naturalmente, esta sección no se ocupará únicamente de los objetos que se encuentran en Baker Street; dedicará especial atención a aquellos que, por su fuerza, se han explotado abundantemente en adaptaciones, incluso en las mas infieles.

Capitular montada sobre una imagen de Sin pistas, 1988

viernes, 7 de noviembre de 2008

221b Baker Street: ubicación

Las incoherencias que, como decíamos recientemente, ocupan a las sociedades holmesianas, producen controversias entre miembros y asociaciones no menos animadas que las que mantenían las diferentes sectas cristianas en el s. IV, aunque hay que decir en favor de los holmesianos que, según nuestros datos, jamás han incurrido en la grosería de quemar en la hoguera a sus adversarios.
Algunas de ellas parecen zanjadas, sin embargo, de manera tan definitiva como cuando san Agustín estableció que el pecado original existía: es el caso del mencionado problema de la confusión de la señora Watson; la explicación dada por Dorthy L. Sayers en su artículo «Dr. Watson Christian Name» (que expusimos brevemente el otro día) parece haber sido aceptada por todos. Ocupémonos pues, como habíamos anunciado, de un problema más espinoso: dado que no había un número 221b en Baker Street en aquella época ¿dónde se encontraban «en realidad» las habitaciones de nuestros personajes? La cuestión se puede afrontar desde dos puntos de vista: el intrasistemático y el extrasistemático:

Parada del metro de Baker Street en 1863. Abajo pueden ver el mismo andén en la actualidad por cortesía de la autora de la fotografía, Shilpa Bhatnagar; todos los derechos reservados



Intrasistemático:
Es decir, desde el supuesto de que Holmes y demás personajes son reales, así como las peripecias narradas. Sin embargo, nadie toma un punto de vista literalista, asumiendo que todo lo que dice el texto es cierto a pie de la letra. Es una postura poco estimulante, ya que las incoherencias con las pruebas históricas (como mapas de la época) deberían ser consideradas falsificaciones del Maligno (¿Moriarti?) y se acabó la diversión. El punto de vista de las sociedades holmesianas admite, pues, cierto nivel de interpretación y que Watson cambió detalles por diversas razones (proteger el anonimato de alguien, elementos que Holmes le ocultara, etc.). Naturalmente, diferentes analistas llegan a conclusiones diversas; en el asunto que nos ocupa algunas de las teorías sitúan la residencia del detective en:

-Número 72 (el 31 de la numeración moderna) entre las alturas de Blandford y George. Defendida por Bernard Davis en su artículo «The Back Yards of Baker Street». Más recientemente Peter Liddell, en «The Location of 221b», mantiene la misma opinión.

-Número 111 (en la numeración moderna) propuesta por The Hounds en marzo de 2001.

-Y, la más aceptada tradicionalmente; algún lugar entre las alturas de Blandford y Dorset en la acera Oeste, que veremos más en detalle.

Extrasistemático:
Partimos de que Holmes es una ficción inventada por Conan Doyle:
Desde este punto de vista se suele admitir que Doyle estimó que Baker Street era un buen emplazamiento, pero que escogió un número ficticio al azar para evitar la eventualidad de que los vecinos fueran molestados.

Según el testimonio (no aceptado por muchos) de Harold Morris, la elección no fue tan azarosa, ya que fue su padre quien sugirió a Doyle el número 21 de la calle, ocupado a la sazón por unos amigos de la familia, y que el escritor lo visitó y lo encontró completamente adecuado, maquillando posteriormente (de nuevo para evitar molestias) el 21 en 221b.


Fragmentos dedicados a Baker Street de un callejero actual y de otro de 1888. En este último nos hemos permitido colorear las calles que se mencionan en los pasajes citados.

Vamos a ocuparnos pues del punto de vista intrasistemático:
Ya que el Canon «miente» al decir que estaba en el 221b ¿cuánto crédito debemos a los demás datos que nos ofrece? sólo debemos cuestionar un dato canónico como último recurso, ya que, en caso contrario, o no podríamos pronunciarnos en absoluto cayendo en un espantoso agnosticismo o caeríamos en la arbitrariedad de aceptar o no los datos según convinieran o no a nuestra tesis. Por otra parte el objetivo que busca, en realidad, esta tendencia, es hacer concordar los datos reales a los que tenemos acceso con el Canon, el verdadero fin es que éste gane verosimilitud: por lo tanto, cada dato canónico que desestimemos es una batalla perdida y no lo podremos hacer sin una buena excusa compatible con nuestro universo ficcional: por ejemplo; Watson falsea el número de la calle para evitar que todo el hampa de Londres tuviera localizado a su peor enemigo.

vlcsnap-14021616

Holmes (Jeremy Brett) contempla Baker Street desde sus habitaciones en la cabecera de la serie de Granada Television. Más abajo, un plano del portal del detective visto desde la ventana de Camden House, en el episodio que adapta «La casa vacía»

Los datos históricos que tendremos en cuenta serán mapas de la época y el cambio de numeración de la calle. Es relativo el valor de los paseos por la actual Baker Street como prueba: en el Londres victoriano existían tras las calles burguesas de lindas fachadas por las que paseaban los caballeros, callejuelas por las que transitaba el servicio y las mercancías, cuadras, patios traseros y todo un laberinto sin pavimentar (cuya existencia Watson y demás caballeros de su clase apenas sospechaban) difícilmente reconstruibles con los planos y mucho menos dando un paseo hoy. Incluso una calle de edificios georgianos, frecuentada y cara del West End, como era Baker Street en aquel entonces, estaba flanqueada por ese mundo paralelo en el que Holmes se movía a sus anchas. Como pueden ver en la foto satélite de Google Earth (más abajo) las manzanas entre Dorset, Blandford y George, en un sector muy castigado por los bombardeos de la II Guerra Mundial, han sido completamente renovadas. Como veremos inmediatamente esas calles son el punto de referencia principal para la situación de la casa en cuestión.


vlcsnap-14008422

La Baker Street de la época era más corta que la actual, ya que (como pueden constatar cotejando los planos actuales y antiguos que ilustran ese artículo) dos tramos, conocidos antaño como York Place y Upper Baker Street fueron incorporados más tarde como prolongación de Baker Street; en 1921 y 1930 respectivamente: de manera que a partir de ahora, cuando nos refiramos a Baker Street, estaremos hablando únicamente del tramo sur, comprendido entre Paddington Street y Portman Square.

La numeración comenzaba en el extremo Sur de la calle, en su acera Este, con el número 1; ascendía hasta el extremo Norte de esta acera, número 42, que tenía en frente el 43; es decir, en la acera Oeste la numeración crecía de Norte a Sur hasta llegar al último, el 85, que quedaba enfrente del número 1.

Esta curiosa forma de numerar los portales «de ida y vuelta» todavía puede verse en algunas calles de Londres, si bien lo normal es que, como en la que nos ocupa, se haya pasado al más cómodo sistema de colocar los pares a un lado y los impares en el opuesto, de manera que el actual número 1 sería el antiguo 2 y el 2 actual sería el 85 antiguo. El actual 221b, donde se encuentra el Museo Sherlock Holmes, ni siquiera se encontraba en Baker Street por aquel entonces, sino en Upper Baker Street.

BakerStreet


Algunas referencias canónicas en relación con Baker Street:

[Watson y Holmes salen de casa en dirección a Bloonsbury] Nuestras pisadas resonaban secas y sonoras, mientras cuzamos el barrio de los médicos, Wimpole Street, Harley Street y, siguiendo adelante por Wigmore Srteet, desembocamos en Oxford Street. («El carbunclo azul»)

[Watson describe la calle desde la ventana] A decir verdad, nadie venía de la dirección de la estación del metropolitano, salvo aquel caballero solitario cuya conducta me había llamado la atención. «La diadema de Berilo»

Hasta Aldersgate hicimos el viaje en el ferrocarril subterraneo. («La liga de los pelirrojos») [La estación de metro de Baker Street, abierta en enero de 1863, es una de las más antiguas del mundo; desde allí hasta Aldersgate tenían seis paradas, como pueden comprobar en un mapa de metro de la época]

Aún se veía al doctor Mortimer y a Baskerville, que caminaban a unas doscientas yardas por delante de nosotros en dirección a Oxford Street [...] Sherlock apresuró el paso hasta que redujimos, más o menos, a la mitad, la distancia que nos separaba. Entonces, manteniéndonos siempre a un centenar de yardas a su zaga, los seguimos hasta entrar en Oxford Street y después por Regent Street. (El perro de los Baskerville, capítulo 4)

[Holmes recibe en sus habitaciones a un cochero llamado John Clayton que explica cómo había acechado, a petición de un misterioso cliente, al doctor Mortimer y a Baskerville] [...] subieron a un coche de los que estaban en fila. Seguimos a este coche hasta que se detuvo por aquí. - Delante de esta misma puerta - Dijo Holmes. - Yo no estaba seguro de eso, pero me atrevo a decir que mi viajero estaba bien enterado. Hicimos alto calle abajo, hacia la mitad de la misma y esperamos durante hora y media. Al cabo de ese tiempo pasaron por nuestro lado, caminando, los dos caballeros y nosotros les seguimos Baker Street adelante y luego por... [Oxford y Regent Street] [...] en el momento en el que iba a alejarse dio media vuelta y dijo: "Quizá le interese saber que ha llevado usted en cu coche al señor Sherlock Holmes" [Hay que señalar que esta ironía por parte del criminal pone de manifiesto que él había identificado con precisión el portal dondo se había parado como la vivienda del detective] (El perro de los Baskerville, capítulo 5)


Holmes y Watson seguían al Dr. Mortimer y a Sir Baskerville: cuando perciben que un hansom cab hacía lo mismo, éste huye. Ilustración de Paget para El Perro de los Baskerville

Estos fragmentos y algunos otros concuerdan con la realidad de Baker Street y, el último, nos indica además que el portal de nuestro amigos se encontraba algo más al norte que la mitad de la calle. En el plano que ilustra este artículo, procedente de un callejero de 1888, hemos coloreado las calles que se mencionan en los fragmentos. Sin embargo el pasaje que más información ha dado para estas controversias procede de la aventura «La casa vacía»:

Yo me había imaginado que nos dirigíamos a Baker Street, pero Holmes detuvo el coche en la esquina de Cavendish Square. Me fijé en que al apearse dirigió a derecha e izquierda una mirada muy escurtadora y que en las esquinas de todas las calles subsiguientes tomaba las máximas precauciones para asegurarse de que nadie nos seguía. El camino que recorríamos era verdaderamente extraordinario. Holmes se sabía muy bien las travesías y callejuelas de Londres y en esta ocasión cruzó rápidamente y con paso seguro por toda una red de cocheras y establos, cuya existencia yo ni siquiera sospechaba. Salimos por último a una pequeña carretera bordeada de casa antiguas y tristonas, desde la que desmbocamos en Manchester Street y luego en Blandford Street. Una vez en esta calle, nos metimos rápidamente por un estrecho pasillo, cruzamos una puerta cochera de madera por la que salimos a una explanada desierta y luego abrió Holmes con una llave la puerta posterior de una casa. Penetramos en ella los dos y él cerró la puerta una vez que estuvimos dentro.
Reinaba en aquel lugar la más negra oscuridad, a pesar de lo cual comprendí yo con toda evidencia que la casa se hallaba deshabitada. [suben las escaleras, hasta una ventana que da a una calle diferente a aquella desde donde habían entrado] -¿Sabe usted dónde estamos?- Con seguridad en Baker Street- le contesté, mirando hacia afuera por la polvorienta ventana. - Así es. Nos encontramos en Camden House, que se alza frente por frente de nuestras antiguas habitaciones.

Vista de Upper Baker Street; por aquel entonces York Place la separaba de Baker Street

Holmes había conducido allí a su amigo para tener un buen puesto de vigilancia, con vista directa sobre su casa, donde esperaba un ataque; como venían del Este (y en ningún momento cruzan Baker Street) está claro que Camden House se encontraba en el lado Este de la calle. El fragmento indica que entraron a una manzana acesible desde Blandford; es decir, delimitada bien entre Blandford y George o bien entre Blandford y Dorset. En este último caso, como la de nuestros héroes se situaba justo enfrente, había de estar en la manzana comprendida entre King St. (perpendicular oeste, hoy incorporada a Blandford St.) y Dorset St.; en el caso precedente, en la comprendida entre King St. y George St. Y este es el dilema que se han planteado los investigadores bien informados y han buscado pistas para decantarse de uno u otro lado.

Recapitulando:
Sherlock vivía frente a la manzana delimitada por Blandford y George o frente a la manzana delimitada por Blandford y Dorset.
En todo caso no hay duda de que el hogar de nuestros héroes se encontraba en la acera Oeste de la calle.

Según acabamos de leer en el fragmento que reproducimos más arriba, John Clayton y su cliente esperaban a Baskerville y a Mortimer hacia la mitad de la calle, con idea de seguirles dirección Sur, hacia Oxford Street, como, efectivamente, hicieron. Tenemos, pues, que pensar que el portal del detective se encontraba algo más al Norte, puesto que siguieron a los dos cablleros hasta allí, bajaron un poco y, cuando salieron, fue adelantado por ellos. Dando un margen de error de unos 40 metros a Clayton -margen que, seguramente, no necesita, ya que podemos fiarnos del sentido espacial de un cochero con siete años de oficio sin ninguna queja (El perro de los Baskerville, capítulo 5)- acechaban a la altura de la manzana comprendida entre Dorset y Blandford (unas sencillas mediciones en Google Earth lo ponen de manifiesto) lo cual excluye la posibilidad de que la residencia de la señora Hudson se encontrara más al Sur, es decir, entre Dorset y George, dejándonos una sola posibilidad.




Foto satélite, tomada de Google Earth, de la zona en cuestión. A la derecha, ilustración de la teoría expuesta.

Hay, pues, elementos en el Canon para apoyar la teoría tradicional: las habitaciones de nuestros héroes se encontraban en la manzana comprendida entre las calles King y Dorset, del lado Oeste (hoy impares) más al Norte del centro geográfico de la calle y, en ningún caso, al Sur de éste. Si hubiera que tomar partido nos uniríamos, pues a esta secta, mejor que a la opinión de Davis y Liddell, que se apoya en paseos actuales. En cuanto a la proposición de The Hounds, lamentamos no haber encontrado el artículo donde la desarrollan, no obstante, podemos especular que adoptan una postura mixta, con elementos extrasistemáticos, alegando en su favor cierto manuscrito consevado en los archivos Arthur Conan Doyle, un borrador con ideas preliminares para Estudio en escarlata, según el cual la residencia del detective se habría de ubicar en Upper Baker St.

Estimados parroquianos, esperamos haber satisfecho su curiosidad sobre la ubicación de este lugar y anunciamos que pronto trataremos sobre otros aspectos del 221b de Baker Street.

Este artículo es una versión, mejorada con diversos cambios, del aparecido en El Predicador Malvado el 28 de agosto de 2007.

Holmes y la realidad (1)

Un factor importante en el éxito de las aventuras de Sherlock Holmes es la peculiar relación de su mundo de ficción con el nuestro real:

Watson declara publicar sus relatos en la Strand Magazine, donde efectivamente las encontraban los lectores del mundo real. Por su parte algunos de los personajes leían también los relatos, incluso han conocido al detective a través de ellos. Introducir este tipo de cruces entre realidad y ficción no era nuevo (en el Quijote muchos personajes de la segunda parte han leído la primera, e incluso discuten sobre ella) sin embargo el efecto aquí está reforzado por el uso del narrador-personaje. El artificio autobiográfico permite a Doyle dar u ocultar información al lector según le conviene ya que, a diferencia de un narrador omnisciente, Watson depende de lo que ve y oye (y muy particularmente de lo que Holmes quiere o no decirle) pero además, lo que nos interesa aquí, elimina la convención (con su lastre de inverosimilitud) de que podemos saber lo que hacen los personajes incluso aunque no haya nadie allí para verlo.

La vida privada
Un orgulloso Watson (Robert Stephens) muestra a Holmes (Colin Blakely) su último relato aparecido en el Strand Magazine en La vida privada de Sherlock Homes, 1970


Esta fascinante ilusión de realidad ha tenido como consecuencia que existan personas que crean que Holmes es un personaje histórico, por increíble que parezca, lo que dio lugar a una abundante correspondencia dirigida al 221b de Baker Street en busca de consejo. También existen grupos de personas, las sociedades Holmesianas, que, aunque saben que se trata de un personaje de ficción, juegan a imaginar que no es tal: consideran a Watson el verdadero escritor de las narraciones y dan a Conan Doyle el papel de su agente literario.

Dos problemas surgen inmediatamente cuando se acepta este juego:

-Incoherncias de la realidad con las narraciones. Por ejemplo: mientras Holmes se queja de que ya no hay grandes criminales Jack el Destripador siembra el terror en White Chappel ¿cómo es que no se le ocurra resolver ese grave asunto?; otra es que nunca existió en Baker Street un número 221B.

-Incoherencias dentro del texto. El Canon está plagado de contradicciones, debidas sin duda a los muchos años que abarca su redacción y la negligencia o desinterés del autor. Algunas de las más famosas son: la vieja herida de Watson se sitúa a veces en la pierna y otras en el brazo; el doctor J. H. Watson, habitualmente llamado John, es llamado James por su esposa (en «El hombre del labio retorcido»).




Holmes, por Sydney Paget; ilustración para «El hombre del labio retorcido». Portada de la primera publicación en la que aparece Holmes; antes de pasar a pubicarse en el Strand Magazine

Las sociedades Sherlockianas se dan tenazmente a la tarea de explicar esas incongruencias: por ejemplo algunos piensan que Watson recibió una segunda herida, otros que las alusiones a la herida de la pierna son de origen psicosomático; la confusión de la señora Watson se explica porque la 'H' del segundo nombre del doctor procede de 'Hamish', la forma irlandesa de James; el asunto del Destripador fue resuelto por Holmes, pero silenciado por que implicaba a un policía corrupto, etc. (cf. el interesante libro de Baring-Gould, Sherlock Holmes de Baker Street). En cuanto a la situación del 221b de Baker Street, es un asunto del que nos ocuparemos en este blog próximamente.

El juego de las sociedades Sherlockianas es interesante y divertido; la causa de la formación de una tradición en torno al héroe es la presencia de numerosas y persistentes incongruencias en el Canon que perturban la verosimilitud que espera el lector. Las incongruencias dinamizan esta formación de la tradición porque obliga a cierto nivel de análisis y de reescritura del texto.

Partir de un corpus de ficción lleno de incoherencias y tratar de subsanarlas para darle verosimilitud es el objetivo, pues, de estas sociedades. Este fin, así como sus métodos, son los mismos de los utilizados en teología; de manera que no es casual que, como veremos, los inventores de esta tradición fueran teólogos, apologetas del catolicismo y anglicanos conversos a la Iglesia de Roma; permanezcan atentos a sus pantallas.

Pueden leer la continuación de este post aquí: «Holmes y la realidad (2)»
Una primera versión de este artículo fue publicada originalmente el 14 de agosto de 2007 en El predicador Malvado
.