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sábado, 19 de marzo de 2011

La patria de Cervantes

Hace algunos meses inauguramos una nueva etiqueta en el blog, «Fuentes», que reseña algunos de los libros, personas o páginas web que se consultan para escribir los demás artículos que aquí pueden leer. Si en principio los dedicamos a las adquisiciones recientes, aquí ampliamos el asunto a otros libros de los que disponemos, siempre que se salgan de lo común. En este caso se trata de una colección de revistas de 1901 a 1902 que tuve la fortuna de heredar de mis ancestros hace algunos años. Serán útiles en la redacción de dos de los post anunciados en la columna lateral: «Holmes y la condesa del pazo» y «Hound: la bestia». También recurriremos a estas revistas cuando analicemos el motivo del ojo del ídolo y los procedimientos de científicos de Holmes.

En enero de 1901 aparece en España el primer número de la revista literaria mensual illustrada La patria de Cervantes, «imprenta de Bailly-Bailliere é Hijos, Tetuán de Chamartín». Este número y los sucesivos ofrecían aventuras exóticas, históricas, detectivescas, de ciencia ficción, etc. y, de cuando en cuando, algún artículo didáctico o humorístico. Pese a lo que su título sugiere, no sólo colaboraban autores de lengua española, eran muy frecuentes las traducciones de autores ingleses, ya que la revista se nutría del británico Strand Magazine.
Tengo ante mí tres volúmenes encuadernados que recopilan respectivamente los números de enero a junio de 1901, de enero a junio de 1902 y de julio a diciembre de ese mismo año:

Lomos La patria de Cervantes

Entre las de asunto exótico y colonial destacan las firmadas por C. J. Mansford y procedentes del Strand Magazine. Son autoconclusivas y se engloban bajo el título Cuentos del continente oscuro.
Entre las de ciencia ficción destaca la novela por entregas Cuentos de otros mundos; «Las aventuras del conde de Redgrave y su esposa Zaidie durente la luna de miel, pasada en las inmensidades del espacio», firmadas por George Griffith e ilustradas por Stanley Wood. Efectivamente, la pareja visita los planetas y satélites del sistema solar y conoce a sus habitantes a bordo de su astronef. Es curioso constatar cómo en el autor introduce este tecnicismo francés para dar verosimilitud a su historia; pronto la ciencia ficción anglosajona ganaría en prestigio a la francesa. En abril de 1902 se publica la última entrega; tras muchos peligros, regresan a la Tierra.

Bestias Saturnianas
Los recién casados contemplan aterrados las bestias de Saturno, nada que ver con los bellos habitantes alados de Venus

Entre las aventuras de inspiración histórica citaremos el folletón de Emilia Pardo Bazán Misterio, cuya primera entrega data de marzo de 1902 y aparecería en forma de libro en 1903. Trata del Delfín perdido Luis XVII, hijo de María Antoñeta y de Luis XVI. El hijo de la autora gallega, Jaime Quiroga, participa con el folletín Aventuras de un francés, un inglés y un alemán en el siglo XIX, entre septiembre y diciembre de 1902.

Tambíen de asunto histórico son las aventuras del brigadier, luego coronel, Gérard, de Arthur Conan Doyle, autor que colabora en casi todas las entregas. Se acompañan de los magníficos grabados de William Barnes Wollen.

Cervantes Gérard
Emocionante escena de las aventuras napoleónicas de Conan Doyle

Pero las que más nos interesan aquí son las aventuras de asunto policial, veamos algunos ejemplos:
Grant Allen colabora con el folletón Un millonario del cabo, cuya última entrega encontramos en el número de junio de 1902, en inglés había aparecido, ya recopilado en forma de libro, en 1897.

Las hojas del diario del doctor Moreno escritas por el Dr. Moreno en persona, si nos fiamos del índice de autores sitúan la acción en España, pero el influjo inglés marca las tramas; por ejemplo, en «El ojo del ídolo», aparecido en la entrega de mayo de 1901, la inspiración en La piedra lunar de Wilkie Collins es evidente. Por otra parte, las aventuras del doctor concluyen en cada entrega, siguiendo la estela marcada por Doyle.

Head mirando el termómetro
Head y Dufrayer contemplan el termómetro. Las ilustraciones de Paget extienden la similitud con los personajes de Doyle al ámbito iconográfico

Pero no es el doctor Moreno el único al que afecta la influencia de Doyle: particular interés para nosotros tiene la serie La hermandad de los siete reyes, [la primera entrega en el Strand Magazine fue en el número de febrero de 1898] firmada por L.T. Meade y Roberto Eustace, que engloba una serie de aventuras autoconclusivas, unidas por el hilo común que representa la pareja protagonista Head y Dufrayer. Head, como su nombre indica (Cabeza), es un intelectual, un caballero cuyas rentas le permiten dedicar todo su tiempo a sus investigaciones científicas amateurs y a luchar contra la cofradía criminal que da título a la serie. En ese afán es secundado por su fiel amigo el abogado Dufrayer. También merece mención la formidable mente archicriminal Mme. Koluchy, la mujer más peligrosa de Londres, que dirige la Hermandad de los siete reyes. Veamos un fragmento, como ejemplo del tono, de la aventura, aparecida en el número de mayo 1901, «20 grados Réaumur» con las mismas ilustraciones de Sindey Paget que en su edición británica en Strand, conservamos la acentuación original:
Comenzaba á caer la tarde de un bochornoso día del mes de junio. En cuanto terminé de comer volví al laboratorio para reanudar un trabajo espectroscópico en que me ocupaba cuando entró mi amigo Dufrayer, á quien hacía más de una semana que no veía. Al verme tan preocupado con aquella labor, cogió un puro de una caja que se hallaba sobre la mesa y se sentó sin decir una palabra.

¿De qué se trata esta noche, Head? preguntó después de un rato, al notar que dejaba á un lado los aparatos. ¿Del elixir de la vida ó la piedra filosofal?
Ni de una ni de otra cosa, amigo Dufrayer, respondí. Estoy haciendo ensayos con una muestra de hemoglobina reducida que me han enviado. ¿Pero dónde has estado metido toda la semana?
En Eastbourne. Tuve que ir allá á practicar una diligencia relacionada con el crimen de Disney. Estoy encargado de la defensa y se verá la causa el jueves ante el Tribunal Supremo. Pero no he venido para hablar de mis asuntos. En Eastburne me ocurrió una cosa singular y quería hablarte de ella.
¿Hay más indicios? Pregunté alarmado al oir el tono de su voz, que era aún más grave que el de costumbre. Vamos á la terraza, tomaremos café y al mismo tiempo charlaremos.
Salimos á la terraza y tomamos asiento en las butacas de mimbre.
¿Te se ha ocurrido alguna vez, Head, empezó diciendo mi amigo, mientras aspiraba el humo del cigarro, que tú y yo vivimos rodeados de peligros? Es una tontería que procuremos disimularlo, declarando que estas cosas no suceden hoy; pero lo que á mí me extraña es que Madame no haya intentado nada contra nosotros antes de ahora. El recuerdo de esa mujer me persigue constantemente. Mme. Koluchy cuenta con medios inexplicables é irresistibles, y nunca sabemos desde qué punto pudiera venir el dardo lanzado por ella para herirnos.
¿Tienes algún motivo para expresarte así? ¿Te has enterado de algo en Eastbourne?
Es posible que lo que he visto tenga algo que ver con ella, aunque no puedo asegurarlo. Creo, amigo Head, que en todo Londres no habrá dos hombres que se hallen en situación tan crítica como la nuestra.
Dado que Doyle cesó de publicar en Strand las aventuras de Holmes tras el episodio reichenbach (FINA) en la entrega de la revista de diciembre del 93, y no retoma el personaje hasta agosto de 1901, con el Perro de los Baskerville, otros autores hubieron de cubrir la demanda de los lectores de intrigas policiales. La primera entrega de La hermandad de los siete reyes apareció en el número de febrero de 1898 del Strand Magazine y como libro en el 99.

Baskerville Cervantes
¿«El dogo sabueso»? En otra entrada veremos el porqué de tal traducción y otras posibles

Que Doyle se decidiera a vover a Holmes justamente entonces fue una suerte para los lectores españoles, que pudieron seguir sus aventuras casi al mismo tiempo que los ingleses en La patria de Cervantes:
El perro de los Baskerville comienza en la entrega de junio de 1902 y termina en la de diciembre de ese mismo año. En la revista Strand se publica, como decíamos más arriba, entre agosto de 1901 y abril de 1902, lo que significa una diferencia de diez meses para la primera entrega y ocho para la última, por lo que con toda probabilidad, estamos ante la primera edición de HOUN en nuestra lengua. Tendremos ocasión de volver sobre esta edición y algunas peculiaridades de su traducción.

La lectura de estas revistas sugieren muchas reflexiones al lector contemporáneo; destacaremos tres:
Resulta interesante la abundancia de mujeres escritores, como las mencionadas L. T. Meade y Pardo Bazán.

En segundo lugar, se constata la importancia de la ciencia como materia de ficción. Si en el siglo anterior la importancia de la razón y el método se había afianzado entre los sabios, a finales del XIX esta idea había calado en la literatura popular. Evidentemente, es fundamental en Cuentos de otros mundos, donde encontramos prolijas descripciones basadas en los conocimientos de la época (número de lunas de los planetas, su gravedad, su tamaño, etc.) y donde, a veces, la vida de los protagonistas depende de la resolución de una ecuación. Pero no es menos crucial en las tramas policíacas. Los detectives, casi siempre aficionados, y los criminales, recurren a métodos de la ciencia y a los avances técnicos que esta permite, veamos algunos ejemplos, tomados de las obras ya citadas:
Ya hemos visto como Head utiliza la espectrografía para el análisis de la hemoglobina. Esta técnica fue desarrollada por Bunsen y Kirchoff en 1859 y es un método muy fiable para establecer si unas manchas sospechosas son de sangre: resulta mucho mejor que la prueba del guayaco y que el examen microscópico de los corpúsculos sanguíneos. Este método hace innecesaria la prueba de la hemoglobina de Holmes y el hecho de que el Detective no la cite, junto a las dos otras, en STUD, permite pensar que esta referencia contiene una sutil corrección al maestro.

Saturno Cervantes
Otra estampa saturniana por Stanley Lywood

En casi todas las tramas policiacas citadas se utiliza la fotografía en la investigación, en el penúltimo episodio de Un millonario del Cabo, titulado «El sistema Bertillón» (mayo 1902) identifican al delincuente gracias al innovador procedimiento fotográfico normalizado que da título al episodio, creado por el famoso criminólogo francés. Se recurre a los rayos x para resolver el caso de «El ojo del ídolo», pero también pueden usarlos los criminales para envenenar con radiactividad a su víctima a través de una pared, como hace Madame Koluchi en «El niño perdido»; el científico amateur lo prueba con una placa sensible a la radiación. Los efectos nocivos de estos rayos habían sido descritos por Tesla en 1887: los autores se mantenían al tanto de los avances científicos. La archicriminal usa la técnica moderna de maneras de lo más imaginativas; atenta contra Dufrayer con un aneroide al que se había añadido una carga explosiva que se activaría cuando el mercurio marcara una temperatura determinada.

Por último, podemos pensar que esta revista es uno de los canales por los que el interés por la ciencia-ficción y el policial británico llegó a España; no sólo a los lectores, ya hemos visto como «Moreno» se une a estas tendencias y Emilia Pardo Bazán, por su parte, se interesó e incluso cultivó, como veremos en otro artículo, el relato policial.

lunes, 5 de abril de 2010

Detalles

Esta entrada es, en realidad, la respuesta al comentario de Padawan de la entrada precedente, que toma esta forma para poder añadir las fotos.
Las deducciones sobre los propietarios originales de los dos libros de segunda mano que presentábamos se basan en los pequeños detalles que mostramos a continuación. En el caso del de Boswell, sin duda cualquiera que reparara en ellos llegaría a la misma conclusión y no creo que haya otra solución posible, en el caso del de Doyle, hay algo más de especulación, de manera que quedamos abiertos a toda sugerencia.

De la Vida de Samuel Johnson habíamos dicho:
«Su propietario original era hombre cuidadoso, ignorante de la lengua de Shakespeare y, como nosotros, un apasionado del detective de Baker Street, razón por la que se aproximó a la obra de Boswell. Lamentablemente no llegó a acabar el libro; solo podemos especular sobre las razones por las que cesó la lectura.»
Su dueño lo forró con un papel translúcido, algo que solo hacen lectores cuidadosos, evidentemente. A demás, ese cuidado se aprecia en lo exacto de los cortes y las dobleces del forro. Con muchas probabilidades se trata de un francés, ya que se trata de un ejemplar impreso y comparado en París, tanto la primera como la segunda vez. Si Samuel Johnson es un pilar de la cultura anglosajona, resulta menos popular en los países latinos y muchos hemos llegado a él gracias a la famosa alusión de Holmes. Podemos fácilmente suponer que el dueño del libro estaba en el mismo caso, pero ¿cómo estar seguros? resulta que conservaba entre sus interior el marcapáginas, publicidad de una colección de novela policíaca, que pueden ver aquí:

Boswell detalle 1

Boswell detalle 2

Tenemos pues un francés, aficionado a la novela policiaca, lo que le ha llevado a leer a Boswell; en esas condiciones, si hubiera sabido inglés, hubiera optado por leer la biografía en su lengua original. La posición del marcapáginas nos daba una indicación del momento en que abandonó la lectura, pero otro detalle nos informa de que efectivamente fue en esa página, la 209, y es que las siguientes todavía no han sido cortadas en la época era frecuente encontrar libros con las páginas unidas por los cantos en cada cuadernillo por lo que es evidente que nadie ha podido leerlas.

Boswell detalle 3

Como decíamos, sólo podemos especular sobre las causas de ese abandono ¿aburrimiento? ¿decepción? ¿falta de tiempo? Me gusta imaginar que quizá mejoró su inglés y continuó en una edición de la obra en esa lengua.

En cuanto al brigadier Gérard, habíamos dicho:
«Su propietario original fue una jovencita que lo recibió como regalo de un pariente varón adulto que la trataba con condescendencia. La muchacha lo arrinconó en la oscuridad y nunca lo llegó a leer. Décadas más tarde sus herederos se desprendieron del volumen junto con otras reliquias.»
Brigadier Gérard detalle 1

Brigadier Gérard detalle 2

Pese a haber sido publicado en los años 20, presenta un aspecto completamente nuevo, tanto en las cubiertas como al interior: las pocas marcas que tiene el cuero del lomo son evidentemente recientes, como pueden constatar en las fotos, por lo que deben haberse hecho en algún traslado del almacén a la librería. Incluso la cinta de seda marcapáginas no tiene pliegues, inevitables por mucho cuidado que se ponga en su uso. El dato capital es la firma de su propietaria, quien tenía por nombre de pila «Eliane».

Brigadier Gérard detalle 3

Actualmente continua el sexismo en la elección de juguetes y lecturas para niños y niñas, pero en los años 20 del siglo último era algo completamente aceptado: raro sería que a una joven señorita se le ocurriera adquirir las aventuras de un oficial napoleónico y, si hubiera sido el caso, una curiosa avanzada a su época, el libro hubiera sido leído y usado con intensidad. Parece, más bien, un regalo poco atinado de un adulto que no la conocía lo suficiente, quizá un tío o un padrino que hubiera preferido tener un sobrino varón. En ese afán de querer orientar la educación de la señorita es donde se podría ver condescendencia. Parece ser que en cuanto lo recibió, lo firmó y lo cerró inmediatamente después antes de que se secara la tinta, a juzgar por la marca en la página contigua y el ejemplar esperó en algún lugar oscuro hasta que se puso a la venta; las marcas que produce la luz del sol en los libros aparecen de manera rápida y evidente, como me prueban amargas experiencias.

La letra capitular está montada sobre el cuadro Reading Girl, de Gustav Adolph Hennig, tomado de Art inconnu.

viernes, 12 de marzo de 2010

Últimas adquisiciones

I never read such rubbish in my life.
Dr. J. H. Watson en STUD,
a propósito de un artículo de Mr. S. Holmes


Quisiera compartir con ustedes mis últimas adquisiciones paraholmesianas, ya que formarán de ahora en adelante parte de las fuentes que servirán para redactar los pequeños artículos que aquí aparecen.

En primer lugar, Les Aventures du Brigadier Gérard:
Los relatos que escribió Doyle sobre este oficial napoleónico, tras ser publicados inicialmente en la revista Strand (entre 1894 y 1902) aparecieron en dos colecciones, The Exploits of Brigadier Gérard, que reúne ocho relatos y The Adventures of Gérard, con otros ocho, si bien el más largo de ellos consta de dos partes: es de la traducción de esta segunda colección de la que nos ocupamos aquí. Posteriormente se publicaron todos juntos, más otros dos relatos, en The Complete Brigadier Gérard.

Brigadier Gérard 01

Se trata de una edición de principios de los años veinte del siglo pasado, de Albin Michel éditeur, en excelente estado de conservación, con tapas y guardas decoradas con papel de aguas y lomo de cuero rojo con nervios y dorados. Marcaba 35€ y nunca he sabido regatear, pero el librero, un bouquiniste de la orilla derecha, junto al Pont Neuf, era simpatiquísimo y, tras una hora de charla que abarcó la novela folletinesca desde Dumas a Fantomas, pasando por Vidoc y Rouletabille, se consideraba un amigo y me lo dejó a 10 de motu proprio. Yo estaba más contento que unas pascuas.

Brigadier Gérard 02
Portada

Su propietario original fue una jovencita que lo recibió como regalo de un pariente varón adulto que la trataba con condescendencia. La muchacha lo arrinconó en la oscuridad y nunca lo llegó a leer. Décadas más tarde sus herederos se desprendieron del volumen junto con otras reliquias.

El otro libro, siguiendo el orden cronológico de la edición, es la Vida de Samuel Johnson, por Boswell. Éste relata con pasión la vida del que fue su amigo durante más de veinte años, ayudándose de su buena memoria, las confidencias que el biografiado le hizo, el testimonio de otros amigos y las notas que fue tomando a lo largo de ese tiempo. Se publicó por primera vez en 1791.

De nuevo, se trata de una versión francesa. Es el ejemplar número ocho de una tirada de 35 impresa en 1954, segunda edición de esta traducción, a cargo de J.-P. Le Hoc, por la editorial Gallimard.

Boswell 01Boswell 02
Cubierta y portada del ejemplar

Lo encontré en una paralibrería (de esas que venden calendarios, postales, libros con fotos grandes, etc.) en la calle Saint André des Arts que hace unos tres años era una librería de viejo. Un librero del barrio me había confiado que esa gente aún conservaba algo de los antiguos fondos en la trastienda y, ahora que están saldando, han aparecido; lamentablemente, no se benefician del 50% de descuento que tienen los posters, de manera que me costó 15€; no está mal, si tenemos en cuenta que su precio original era 900 francos de los antiguos, al cambio, 1€35, que debía ser una pasta en los cincuenta.

Su propietario original era hombre cuidadoso, ignorante de la lengua de Shakespeare y, como nosotros, un apasionado del detective de Baker Street, razón por la que se aproximó a la obra de Boswell. Lamentablemente no llegó a acabar el libro; solo podemos especular sobre las razones por las que cesó la lectura.

En la letra capitular vemos al brigadier Gérard dibujado por Vicente Torregosa Manrique para el número 267 de Joyas Literarias Juveniles, de la editorial Bruguera.

viernes, 5 de marzo de 2010

Baraja Sherlock Holmes de Heraclio Fournier

Últimamente hemos presentado en El Predicador Malvado una de esas barajas que Heraclio Fournier publicaba en los ochenta basadas en series de dibujos animados. El fabricante de Vitoria es uno de los más prestigiosos del mundo de los naipes y sirve a la mayoría de los casinos de Europa. Estas cartas, dirigidas al público infantil, tienen la misma excelente calidad que las dirigidas a un público adulto: impresión, resistencia, opacidad, etc.

En el caso del Predicador la hemos publicado por entregas para no agobiar a los lectores; en cambio, en este blog dirigido a lectores endurecidos en el universo holmesiano, hemos preferido hacerlo de una sola vez. Y es que la serie de dibujos animados en la que se basa esta baraja es 名探偵ホームズ Meitantei Hōmuzu, el animé coproducido por Japón e Italia y que fue concebido por el único y genial Miyazaki Hayao.

Las barajas de dibujos animados se basaban invariablemente en el juego de familias, por lo que se trataban de barajas de 32 naipes más otro con las instrucciones que quedaba fuera del juego que se organizaban en cuatro palos de cartas numeradas del uno al ocho, con la cifra inscrita en un círculo cuyo fondo variaba de color según el palo. Los episodios seleccionados para la baraja son los siguientes:
-«La pequeña cliente» uno de los dirigidos por el maestro Miyazaki que se distingue por el color amarillo del círculo donde se inscribe el número.
-«El rapto de la señora Hudson», también de Miyazaki, con el fondo del círculo de color verde.
-«La esmeralda azul», de color rojo. Y, por último:
-«La estatua desaparecida», de color azul.

La pequeña cliente 1La pequeña cliente 2

La pequeña cliente 3La pequeña cliente 4

La pequeña cliente 5La pequeña cliente 6

La pequeña cliente 7La pequeña cliente 8

El rapto de la señora Hudson 1El rapto de la señora Hudson 2

El rapto de la señora Hudson 3El rapto de la señora Hudson 4

El rapto de la señora Hudson 5El rapto de la señora Hudson 6

El rapto de la señora Hudson 7El rapto de la señora Hudson 8

La esmeralda azul 1La esmeralda azul 2

La esmeralda azul 3La esmeralda azul 4

La esmeralda azul 5La esmeralda azul 6

La esmeralda azul 7La esmeralda azul 8

La estatua desaparecida 1La estatua desaparecida 2

La estatua desaparecida 3La estatua desaparecida 4

La estatua desaparecida 5La estatua desaparecida 6

La estatua desaparecida 7La estatua desaparecida 8

Para terminar, el dorso, la caja y el reglamento, impreso en el dorso del naipe trigésimo tercero.

DorsoReglamento

CajaCarta extra

Valga este post como aperitivo a la espera de un análisis de esta interesante interpretación del personaje, como está anunciado en la columna lateral. Nos fijaremos en particular en los elementos canónicos que aparecen en la serie que, pese a la libertad de visión respecto al original que se permiten los creadores, aparecen de vez en cuando.